Entrada creada por CAI el 18 de Agosto de 2018 a las 14:49

CAÍ.
CAI
Madrid
18 de Agosto de 2018 a las 14:49
Y quise repartir, como quien hace un testamento de vida.
Quise repartir los amigos, los momentos, la carne del asador, los porcentajes de implicación, cada hola y cada adiós, las cuatro letras del amor.
Y quise repartir cada sonrisa que fue mía, cada latido que fue culpa tuya, cada mirada de complicidad que al contarlas salían impar.
Y repartí también cada segundo de esta vida, aunque a veces no era vida, ni segundos, ni momentos, ni nuestro; pero estaban ahí esperando ser repartidos a la izquierda de mis latidos, haciendo montaña y ruido en las entrañas, difuminando cual sordina tus latidos, cada vez más acurrucados en su esquina del ring.
Y me quedé el aire que trae y traerá recuerdos, lo fui metiendo en pequeños tarros de cristal para ir poniéndoles nombres, sin acertar a escribir nada que no fuera dolor y felicidad, supongo que el orden en que se escriben las cosas es importante también, por si hay que aferrarse a algo.
Cuando terminé de repartir, mis manos estaban vacías, sin nada que hacer; y cuando uno no sabe que hacer, cuando uno tiene las manos vacías; camina escondiendo los fracasos con las manos en los bolsillos, como sujetando un tesoro, con la esperanza de haber aprendido algo y la duda de haberlo hecho, al final la vida es un círculo que nos empeñamos en dirigir por miedo a no saber digerir.

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